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El fin de Pompeya: Una historia de amor y dolor

Es 24 de agosto del año 79 d.C. Estoy más emocionado de lo que jamás había estado en mi vida, pues hoy es el día en que contraeré matrimonio con mi amada Flavia.

Flavia, mujer de valor y gracia,

Su belleza es el sol de cada día.

Su risa es dulce como melodía,

Que llena de vida todo lugar.

Una sensación de alegría y nerviosismo en el estómago me ha despertado más temprano de lo regular. Me parece como si toda la ciudad estallara en bullicio por la emoción de nuestra celebración. 

Todo está perfectamente organizado. Mi boda se celebrará en casa de mi amada Flavia, muy cerca de la costera, desde dónde se tiene una imponente vista del Vesubio.

Mientras termino de ajustar mi mejor Toga, mis amigos y familiares están llegando, todos ellos atestiguaran mi próximo compromiso. 

Llego la hora, en compañía de mis amigos y familiares nos dirigimos a casa de mi futura esposa Flavia, con su cabello rubio y sus ojos azules, ella es el sol de mi día y la estrella de mi noche.

Caminamos por las calles de Pompeya, admirando las hermosas casas y tiendas a mi alrededor. La gente está de buen ánimo, puedo escuchar sus risas y conversaciones alegres a medida que avanzamos.

Unas ramas verdes y guirnaldas con cintas blancas colgadas en la puerta de la casa de mi amada son los signos que indicaban que ahí se celebraría una boda. Justo en la entrada está mi amada acompañada por su familia; viste una túnica recta, ceñida con un cinturón atado por un doble nudo, el llamado “nodus herculeus”.

La gente ya se ha comenzado a apiñar dentro y fuera de la casa, esperando el inicio de la boda.

Camino al interior de la vivienda, intercambio miradas con mi amada y sonreímos. Hay tantos sentimientos en nuestros corazones, amor, felicidad, gratitud y un poco de nerviosismo. Pero estamos juntos, y eso es lo más importante.

Estamos ingresando al interior y la multitud comienza a aplaudir y a vitorearnos. Saludamos con la mano levantada en son de agradecimiento.

Juntos caminamos hacia el altar, donde el sumo sacerdote ya nos espera. 

El sol brillaba con intensidad a través de las ventanas, iluminando por completo la sala con su luz cálida.

Me siento tan afortunado de tener a mi novia a mi lado, y de estar rodeado por mi familia y amigos. Es el día perfecto, y no podría ser más feliz. 

La voz del sacerdote resuena por todo el recinto, bendiciendo nuestro matrimonio y deseándonos felicidad y prosperidad. Miro a Flavia, con lágrimas en los ojos, y sé que esta es la decisión correcta.

¿Está temblando? He sentido un pequeño temblor, pero es algo usual en esta región, no debería de preocuparme de más.

“¡Está temblando!” Gritan algunos de los presentes. El suelo comienza a temblar de forma notoria. De golpe todo se detiene. Amigos y familiares miramos alrededor con asombro y miedo. 

¿Qué está pasando?

El temblor se vuelve constante y poco a poco va aumentando de intensidad. Lo que antes eran risas y conversaciones ahora se ha convertido en gritos y llantos. 

La gente comienza a correr en todas direcciones, tratando de encontrar un lugar seguro. 

“¡El Vesubio ha comenzado a erupcionar!” se escucha gritar a la gente.

Sin pensarlo demasiado sujeto a Flavia del brazo y la mantengo cerca de mí, tratando de escapar de la casa para alejarnos lo más posible del volcán, pero el terremoto ya es tan fuerte, que me cuesta mantener el equilibrio. 

Mientras me alejo con mi amada a mi lado, alcanzo a observar cómo caen tejas y columnas alrededor; el miedo me invade.

"¡Tenemos que huir de aquí!" le grito a Flavia, tratando de hacerme oír por encima del ruido del terremoto, dejo de abrazarla y la sujeto de la mano. Comenzamos a correr en dirección hacia el sur, tratando de tomar distancia del volcán, antes de que sea demasiado tarde.

El suelo se sacude con fuerza bajo nuestros pies; es aterrador el sonido del volcán erupcionando. Es una lucha constante por mantenernos de pie y avanzar, pero no pienso en nada más que en proteger a mi amada y asegurarme de que estemos a salvo.

El cielo se ha vuelto completamente negro, las llamas y las cenizas del Vesubio comienzan a caer sobre nosotros. La gente intenta desesperadamente encontrar refugio, pero es inútil, toda la ciudad está a merced de la fuerza destructiva del volcán.

Escombros y piedras comenzaron a llover del cielo. Juntos nos dirigimos hacia un edificio cercano, tratando de buscar refugio de la tormenta de ceniza y rocas.

De momento el edificio nos resguarda, pero, al inspeccionar un poco veo que no es seguro. Le señalo a Flavia que tenemos que volver a correr. 

La ciudad está en caos, parece que el fin del mundo ha llegado. Mientras corremos puedo ver la destrucción a mi alrededor: edificios derrumbándose, calles bloqueadas por escombros, y gente corriendo en busca de refugio, pero parece que ya es tarde. Una nube oscura y tóxica ya ha descendido y ahora cubre la ciudad, causándonos dificultad para respirar.

La desesperación me invade, no encuentro una forma de escapar.

Flavia y yo miramos en todas direcciones, tratando de encontrar un lugar seguro, pero todo parece estar cayendo a nuestro alrededor. El aire ya ha sido remplazado por ceniza y polvo, cada vez es más difícil ver o respirar.

"¡Tenemos que encontrar refugio!" grito a mi amada, tratando de mantener la calma, pero no hay lugar seguro a la vista. 

El volcán sigue erupcionando con fuerza. Puedo sentir el calor y la energía de la naturaleza a mi alrededor.

Sé que estamos al borde del abismo, mi corazón late fuerte mientras trato de encontrar una solución. Pero creo que todo será en vano; la desesperación se apodera de mí. No puedo siquiera imaginar el perder a mi amada; el miedo me ha hecho su presa.

La ceniza se ha vuelto cada vez más densa, es como si fuera un muro que nos detiene y nos impide avanzar. 

De pronto, se escucha rugir el volcán con un estruendo ensordecedor. Aun entre la nube de cenizas alcanzo a ver como una lluvia de material incandescente comienza a caer sobre la ciudad, incendiando todo a su paso. 

Sin rendirme sigo intentando que podamos escapar de la lluvia de ceniza y material incandescente que cae sobre nosotros. Pero el calor es demasiado insoportable. Siento como si mi piel se estuviera quemando viva, y el aire caliente me ahoga cada vez que intento respirar. 

Flavia, mi amada Flavia, grita de dolor y cae al suelo. 

Me arrodillo junto a ella, tratando de cubrirla de la lluvia de fuego. 

Es demasiado tarde, ambos estamos atrapados. Me doy cuenta de que esta es nuestro último momento juntos. 

La nube tóxica nos envuelve, siento como mi cuerpo se debilitaba cada vez más, todo se encuentra en completa oscuridad.

De repente, mi amada Flavia se detiene, ha parado de luchar. 

Tomo su mano y la abrazo con fuerza. Cierro los ojos y me concentro en su presencia, en su olor, en su calor. Y en ese momento, todo se detiene. El mundo deja de girar y solo queda el amor que sentimos el uno por el otro.

La última sensación que tengo es el calor intenso en mi piel, luego solo hay oscuridad. Juntos, Flavia, mi dulce Flavia, y yo, Lucio; hemos encontrado la paz en el corazón del mismísimo infierno.

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