La verdad es que me sentía completamente abrumada por la situación que estaba viviendo el mundo en ese momento. Había dedicado gran parte de mi carrera profesional a trabajar en proyectos y políticas para reducir la huella de carbono, y si bien no había sido fácil, estábamos avanzando. Pero ahora, la idea de reducir la huella de nitrógeno en un 40% me parecía una tarea imposible.
Lo que me preocupaba es que la mayoría de las actividades agrícolas producen nitrógeno, por lo que cerrar granjas y cultivos sería la única forma de alcanzar ese objetivo. ¿Cómo se supone que vamos a alimentar a la población solo con cultivos eco-sostenibles? No podía entender cómo se podía pedir a la sociedad que hiciera sacrificios tan grandes.
En ese entonces, pensaba que necesitábamos un enfoque más integral para abordar esta problemática. Necesitábamos encontrar formas de producir alimentos y productos de una manera más sostenible, sin poner en riesgo la seguridad alimentaria y económica. Pero esto no iba a ser fácil. Significaba trabajar en conjunto con agricultores, empresas, y gobiernos para encontrar soluciones que fueran sostenibles a largo plazo.
Aunque la tarea me parecía abrumadora, no estaba dispuesta a darme por vencida. Había trabajado demasiado duro en la reducción de la huella de carbono para dejar que esto me derrotara. Así que me puse manos a la obra, colaborando con otros expertos y organizaciones, y trabajando incansablemente para encontrar soluciones creativas y sostenibles para este problema.
Un día me desperté más temprano que de costumbre, después de pasar una mala noche, y me dispuse a revisar las noticias en mi teléfono. Fue entonces cuando vi la noticia que cambió todo. El informe del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) acaba de ser publicado y sus hallazgos eran alarmantes. El planeta se estaba calentando más rápido de lo que pensábamos y estábamos corriendo el riesgo de enfrentar consecuencias catastróficas si no hacíamos algo al respecto.
La gente ya estaba enojada, desesperada y asustada. Las protestas estaban estallando en varias ciudades del mundo. Una protesta muy notoria, fue la que realizo un grupo de personas había llegado a la casa de la ministra de Medio Ambiente en Holanda, ya que trataron de reventar el cordón policial con una cosechadora para hacerse oír. Era una locura, pero también era un signo del nivel de desesperación y frustración que la gente estaba sintiendo.
Todo esto era demencial. ¿Cómo íbamos a sobrevivir si comenzábamos a cerrar granjas y prohibir la producción de carne y cultivos de verduras? Ya estábamos hablando de comer insectos para sobrevivir. Todo esto parecía sacado de una película de ciencia ficción distópica, pero era real y estaba sucediendo en el mundo en el que vivimos.
Recuerdo haberme sentido tan angustiada y desesperada en ese momento. ¿Cómo íbamos a encontrar una solución a todo esto? ¿Cómo podíamos hacer suficiente para detener el cambio climático y asegurarnos de que el planeta fuera habitable para las generaciones futuras?
Aun en esa situación, pensé que no podíamos permitirnos sentirnos abrumados. Todavía pensaba que teníamos que tomar medidas, grandes y pequeñas, para hacer nuestra parte y luchar contra el cambio climático. “Podemos empezar por reducir nuestro consumo de carne y lácteos, caminar o andar en bicicleta en lugar de conducir, usar menos plástico y ser más conscientes de cómo nuestras acciones afectan al medio ambiente” pensaba.
Sin embargo, lo que aún no me había dado cuenta en ese momento era que todo esto era solo una excusa para cambiar la sociedad y arrastrarla hacia la cuarta revolución industrial. Había una agenda oculta detrás de todo lo que estaba sucediendo, y se estaba utilizando la crisis ambiental como pretexto para implementarla. La inteligencia artificial y la automatización lo harían todo, y no querían tener gente ociosa, problemática o revoltosa andando libremente por donde les placiera.
Poco a poco, fui dándome cuenta de que estábamos en medio de una revolución silenciosa. Se estaba preparando una nueva sociedad, en la que la tecnología sería la clave para todo. Y aunque en teoría esto sonaba bien, empecé a ver las sombras que se escondían detrás de este futuro utópico. La eliminación de puestos de trabajo, la falta de privacidad, la manipulación de la información... todas estas cosas empezaron a preocuparme profundamente.
Fue un momento difícil para mí, sabía que tenía que adaptarme y evolucionar para sobrevivir, pero también tenía miedo de lo que esto significaría para mi forma de vida y para el futuro de la humanidad en general. A medida que pasaba el tiempo, empecé a buscar respuestas y a intentar entender cómo podríamos avanzar hacia un futuro más justo y sostenible para todos.
Me acuerdo perfectamente de esa conversación que tuve con mi amigo. Me impactó mucho lo que me dijo, porque en cierta forma, tenía sentido. Me dijo que, en un futuro no muy lejano, la tecnología avanzaría de tal manera que muchas profesiones serían reemplazadas por máquinas, lo que dejaría a millones de personas sin trabajo.
Mi amigo afirmaba que esto no era una casualidad, sino que había una conspiración detrás de todo esto. Según él, las élites millonarias del mundo, a veces llamadas el 1%, estaban creando ciudades de "15 minutos" para que la gente estuviera compartimentada y controlada. Estas ciudades estarían diseñadas para que las personas vivieran y trabajaran en un área muy limitada, sin tener que salir de estas; incluso, sin deber de salir de estas, a menos que se contara con un permiso explicito por parte de la autoridad. Además, las personas recibirían una renta básica universal de miseria, que apenas les permitiría sobrevivir.
Mi amigo sostenía que esta era una forma de controlar a la población, ya que la falta de oportunidades laborales haría que las personas se sintieran frustradas y sin esperanza. Esto llevaría a que muchos de ellos delinquieran y protesten, lo que justificaría una mayor represión y control por parte del gobierno.
Pero lo más escalofriante de todo era la última parte de su teoría. Según él, el verdadero objetivo de las élites era tener todo el planeta para ellos solos, y disfrutar de la naturaleza en plenitud. Esto significaría que el resto de la población estaría confinada en esas ciudades de "15 minutos", comiendo insectos y viviendo en la miseria, mientras que ellos disfrutarían de todas las maravillas naturales que el planeta tiene para ofrecer.
Al principio, no sabía qué pensar de todo esto. Me parecía algo un poco exagerado e incluso conspirativo. Pero después de investigar un poco más, me di cuenta de que mi amigo no estaba tan equivocado. Es cierto que la tecnología está avanzando a un ritmo sin precedentes, y muchas profesiones están siendo reemplazadas por máquinas. Además, cada vez era más común hablar de ciudades inteligentes y sostenibles, que podrían ser la base para la creación de esas ciudades de "15 minutos" que mencionaba mi amigo.
Pero lo más preocupante de todo esto era la desigualdad económica en nuestro mundo que ya no podía ser ocultada. Aun atinaba a pensar que había que hacer algo al respecto, ya que de otro modo las élites terminarían controlando todo el planeta, mientras que el resto de la población terminaríamos viviendo en la miseria.
De a poco, la sociedad en la que vivíamos se había estado convertido en algo que ya no podía reconocer. Todo lo que antes era sagrado y valioso para nosotros, como la inocencia infantil, el amor, la fraternidad, las parejas, el sexo y la familia, había sido eliminado gradualmente de nuestras vidas.
Las leyes de transgénero, que supuestamente se habían creado para promover la igualdad y la inclusión, estaban siendo utilizadas para borrar la identidad y destruir la familia. El gobierno estaba promoviendo activamente la confusión de género, animando a las personas a cambiar su sexo y a comportarse como si no hubiera ninguna diferencia biológica entre los sexos.
La afectividad había sido eliminada de nuestras vidas. La gente ya no se preocupaba por los demás, por el bienestar de su familia y amigos. Todo se trataba de complacer los deseos personales y egoístas, sin importar las consecuencias. Los medios de comunicación estaban siendo utilizados para enseñar a los niños a comportarse de forma indecente desde muy temprana edad, promoviendo la sexualización infantil.
Todo esto estaba llevando a nuestra sociedad a un desastre total. Los valores que antes habíamos apreciado y respetado habían sido reemplazados por una cultura de libertinaje y sin sentido moral. La gente estaba cada vez más aislada y sola, sin tener a nadie en quien confiar o apoyarse.
Era una distopía que nunca habíamos imaginado. Una sociedad donde todo lo que habíamos conocido se había desvanecido. Nos estábamos convirtiendo en algo que nunca hubiéramos querido ser, una sociedad sin valores ni sentido moral. Nos estábamos convirtiendo en simples animales.
La verdad es que nunca pensé que llegaríamos a este punto. La tecnología avanzo a pasos agigantados e hizo que muchas de las cosas que antes requerían la intervención humana, ahora se realizaran de manera automatizada. Pero lo que antes parecía ser un avance hacia una vida más cómoda y sencilla, se había convertido en una amenaza para nuestra existencia como seres humanos.
La inteligencia artificial y la cuarta revolución industrial ya han cambiado el mundo. Ya no necesitan de nosotros para trabajar, para producir bienes y servicios. Las máquinas lo hacen todo de manera más rápida, más eficiente y sin cansarse. Con unas pocas maquinas que limpien su cama y el baño, las Élites tienen más que suficiente; el resto de las personas ya no les somos necesarios. No encontramos aislados, almacenados en guetos de "15 minutos", esos pequeños espacios donde nos mantienen alejados del resto de la sociedad, dónde nos limitan la movilidad, la libertad y la capacidad de elegir; para que poco a poco nos vayamos auto-extinguiendo por falta de reproducción.
Es triste pensar que esta es la dirección que nosotros mismos elegimos cuando todo comenzó y que no quisimos enmendar el camino andado mientras veíamos acercarse el final.
Ahora mismo, una vez deshecha la familia, la identidad, el género, el sexo …; somos solo animales comiendo estiércol, comiendo larvas de.
Sin fe, sin esperanza, sin ética, sin moral.
Sin futuro.

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